
Oh, Torcuato, sabio por antonomasia, qué precisión y qué estética para reconocer una verdad que -por femenina que pueda parecer- todos aceptamos: no toda lágrima es amarga, no toda lágrima debe producirnos vergüenza.
Más bien lo contrario. Si nos decimos humanos, lo somos para lo bueno y para lo malo, para los momentos de dicha y los de congoja, para los días de impasibilidad y para los emocionantes.
Nótese que podemos experimentar reticencias para llorar, pero nunca arrepentimiento por haberlo hecho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario