Nuevo elogio de la infancia que me animo a recoger aquí. Aquí es el húngaro Kertész, premiado con el Nobel de Literatura en 2006, quien, testigo único de la desnudez característica de la infancia, espectador singularísimo de su desprotección y candidez, no titubea al ensalzarla por encima de la madurez física o mental.La ingenuidad, la sabia ingenuidad, tiene algo de eterno. No atisba los finales, no claudica, no se rinde, no replica, no exige. Acepta y goza.
