lunes, 14 de diciembre de 2009

Pena: soledad

"La pena es una cosa extraña; nos deja totalmente desamparados. Es como una ventana que se abriera sola; la habitación se queda fría, y lo único que podemos hacer es tiritar. Pero cada vez se abre un poco menos y un poco menos, hasta que un día nos preguntamos qué habrá pasado con ella" (Arthur Golden en Memorias de una geisha).


Sobre la pena se han escrito tantas cosas que decir algo al respecto no es sino otra apreciación más. Y sobre todo puede pecar de temerario, porque a fin de cuentas la pena es subjetiva, y cada uno la experimenta a su manera.
Lo cual, según entiendo, no impide comprender algún que otro patrón que se repite en cualquiera de sus formas. Golden alude a uno inconfundible y exacto: la soledad, el convencimiento algo ególatra de que sólo nosotros sufrimos tal congoja.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Llanto y liberación

"El llanto es una descarga de emotividad. Cuando ésta llega a un punto grave de concentración es preciso abrir la compuerta al alma. Y el llanto, a veces, es su mejor cauce" (Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios).


Oh, Torcuato, sabio por antonomasia, qué precisión y qué estética para reconocer una verdad que -por femenina que pueda parecer- todos aceptamos: no toda lágrima es amarga, no toda lágrima debe producirnos vergüenza.
Más bien lo contrario. Si nos decimos humanos, lo somos para lo bueno y para lo malo, para los momentos de dicha y los de congoja, para los días de impasibilidad y para los emocionantes.
Nótese que podemos experimentar reticencias para llorar, pero nunca arrepentimiento por haberlo hecho.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La soledad

"Vivo totalmente solo, es decir, no me aburro" (Sándor Márai en Diarios).


Es preciso entender este renglón en su contexto: un Márai casi moribundo, sin familia que lo acompañe, viudo desde hace algún tiempo, con la muerte sobrevolando su pescuezo. En ningún momento su actitud revela desesperación; más bien aceptación, o, mejor dicho, resignación.
Él conoce -como otros muchos- la soledad, y sabe -como unos pocos- describir con prudencia su encanto, su escondido atractivo, su papel ineludible en la vida del ser humano. Vivir es también pasar ratos de soledad, de auténtica soledad. Y aprender de ello.