
Más necesarios que el oxígeno, más personales y más exigentes también. No suelen dejar indiferente a quien los coge, aunque haya quienes muestren hacia ellos indiferencia. Pero los hay de todos los gustos y de todas las doctrinas. Recorren caminos tortuosos y facilones. Su historia es tan vasta y tan remota que iniciar una disertación sobre ellos peca de temeridad. Por eso, mejor callar y dejar que sigan hablando a los lectores como sólo ellos saben hacerlo. Chesterton suscribe la invitación recurriendo a la ironía. Olé.
