
Es casi imposible huir de nosotros mismos, principalmente porque cuando nos obsesionamos por hacerlo parece que lo buscamos en nuestro propio beneficio.
Un corazón solitario no es un corazón, suscribiendo a Machado. Y un corazón vacío es antinatural. Necesita ir ligado al menos a otro de su misma especie, y sólo se olvidará de un congénere cuando dé con otro de idéntica o superior altura. Por eso, y porque el corazón vuelto sobre sí sólo alcanza una falsa autosuficiencia, compensa librar las batallas del amor.
