
Juventud y nocturnidad: dos realidades que van de la mano con extraordinaria frecuencia, al igual que los binomios infancia-depedencia y sol-luna.
Muchas noches son propicias a la comunicación. Se dicen grandes verdades, se confiesan oscuros secretos, se levantan -valientes- reprimidas pasiones, se encienden los anhelos, se dicen estupideces gigantes. En cualquier caso, nuestro yo se desdobla por momentos y desvela caras que nunca hubiéramos imaginado. La sentencia de Werfel es clara y atrevida. Y cierta y cercana.
