lunes, 29 de junio de 2009

Lectores

"Shakespeare nos describió a nosotros. Y usted y yo (estoy seguro de que estará de acuerdo) somos dos de sus mejores personajes" (G.K. Chesterton en Correr tras el propio sombrero).


Más necesarios que el oxígeno, más personales y más exigentes también. No suelen dejar indiferente a quien los coge, aunque haya quienes muestren hacia ellos indiferencia. Pero los hay de todos los gustos y de todas las doctrinas. Recorren caminos tortuosos y facilones. Su historia es tan vasta y tan remota que iniciar una disertación sobre ellos peca de temeridad. Por eso, mejor callar y dejar que sigan hablando a los lectores como sólo ellos saben hacerlo. Chesterton suscribe la invitación recurriendo a la ironía. Olé.

viernes, 26 de junio de 2009

El hombre de hoy

"El hombre tiene la facultad de entregarse por entero a lo espiritual, al intento de aproximación a lo divino, al ideal de los santos. Tiene también, por el contrario, la facultad de entregarse por completo a la vida del instinto, a los apetitos sensibles, y de dirigir todo su afán a la obtención de placeres del momento. (...) Ahora bien, el burgués trata de vivir en un término medio confortable entre ambas sendas. (...) El burgués es consiguientemente por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley, la responsabilidad por el sistema de votación" (Herman Hesse en El lobo estepario).



Es así: como mirarse en un espejo, como reconocerse en este texto y no actuar en consecuencia. Claro que hay términos medios; claro que difícilmente nos entregamos del todo a lo espiritual, y aun más difícilmente a lo material; claro que somos burgueses en algún sentido. Pero no lo seamos por mucho tiempo ni de modo cabal.

jueves, 25 de junio de 2009

Del dicho al hecho

He decidido pasar de la teoría a la acción. O mejor dicho, he decidido poner en común -paulatinamente- diversas ideas, reflexiones recónditas. Empecemos.

"La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada. La desea con fervor, aunque sin esperanza" (Sándor Márai en El último encuentro).


De tu mano, Sándor, comienzo este itinerario. Y lo hago secundando esa idea. ¿Mi propósito? Que el lector, aun contándose entre esa "gente", logre algún día trocar la esperanza en satisfacción, y el deseo, en realidad.