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sábado, 8 de agosto de 2009

El triunfo de los grandes

"El destino jamás se muestra demasiado magnánimo con sus favoritos. Rara vez les es dado a los mortales coronar más de una hazaña inmortal" (Stephan Zweig en Momentos estelares de la humanidad).


Nos encanta creer que el mal debe azotar a otros, pero jamás a nosotros. Conocemos o intuimos su capacidad liberadora, su dimensión estimulante, sus efectos positivos, su carácter de inevitabilidad en toda existencia humana, y sin embargo, cuando nos ataca, lo rehuimos. Nos es extraño e incómodo.
Si la historia nos ha brindado grandes personajes, no es porque ellos resultaran de un repentino y olvidado don divino a los que el Diablo no tentara y acosara, sino porque pusieron sus alegrías y su libertad entera al servicio de bienes mayores, de tal forma que ese destino -aparentemente poco magnánimo, como apunta Zweig- nunca les aplacó del todo.
Cada vez estoy más convencido de que no eran especiales; lo especial fue quizá su autodeterminación en el obrar.