
Claro que sí, Ortega. Se le podía haber buscado un adjetivo más original o peculiar, pero ninguno tan atrevido y a la vez tan preciso y ajustado a la realidad. La mujer es crepuscular: la antesala de la noche, de la fiesta y de la agitación; pero también el preámbulo del sueño y la paz.
Que si enigmáticas, que si aburridas, que si tontas, que si apasionantes, que si increíbles, que si acomplejadas, que si sensibles, que si inferiores, que si superdotadas, que si dispersas, que si introspectivas... Da igual. Lo que importa es que para cada uno significan una cosa muy concreta. Lo demás no importa, o no nos compete.
Un amigo me recordó que las mujeres son una necesidad. Y también -suscribiendo a Vegas y Bunbury- que todo es horrible o terriblemente bello.
