
Es preciso entender este renglón en su contexto: un Márai casi moribundo, sin familia que lo acompañe, viudo desde hace algún tiempo, con la muerte sobrevolando su pescuezo. En ningún momento su actitud revela desesperación; más bien aceptación, o, mejor dicho, resignación.
Él conoce -como otros muchos- la soledad, y sabe -como unos pocos- describir con prudencia su encanto, su escondido atractivo, su papel ineludible en la vida del ser humano. Vivir es también pasar ratos de soledad, de auténtica soledad. Y aprender de ello.

No hay comentarios:
Publicar un comentario